Los correos entre Anthropic y el Pentágono muestran hasta qué punto chocaron sus líneas rojas sobre armas autónomas y vigilancia
por Edgar OteroSe han filtrado las comunicaciones entre Anthropic y el Pentágono. Los documentos judiciales ya dejan ver con bastante detalle cómo se rompió la relación entre Anthropic y el Pentágono en los meses previos a la actual batalla legal. Los correos publicados muestran un desacuerdo de fondo sobre algo que ya se intuía desde febrero: Anthropic quería mantener límites claros para el uso de sus modelos, mientras que el Departamento de Defensa insistía en conservar margen para emplearlos en cualquier uso legal, una fórmula que la compañía consideraba incompatible con sus propias líneas rojas.
El intercambio sitúa en el centro a Dario Amodei y Emil Michael, subsecretario de Defensa para Investigación e Ingeniería y exdirectivo de Uber. Según los mensajes conocidos ahora, el Pentágono intentó que Anthropic aceptara un marco más amplio de uso para su tecnología, mientras Amodei reiteraba que la empresa necesitaba salvaguardas específicas. Entre ellas, impedir el uso de la IA en armas totalmente autónomas y en vigilancia doméstica masiva dentro de Estados Unidos.
La publicación de estos correos encaja con lo que ya contábamos cuando el Pentágono amenazó a Anthropic con destruir su negocio. Entonces ya se sabía que el conflicto venía de un contrato de 200 millones de dólares firmado en 2025 y de la exigencia posterior de introducir cláusulas de “cualquier uso legal” en los contratos de IA del Departamento de Defensa. Ahora los correos confirman que la negociación estaba rota desde enero y que ambas partes hablaban ya en términos casi incompatibles.
Amodei insistió en que “cualquier uso legal” borraba las líneas rojas de Anthropic
Uno de los puntos más relevantes de los mensajes es que Amodei deja por escrito que el estándar de “all lawful uses”, es decir, cualquier uso legal, no servía para Anthropic porque la ley estadounidense sí permite ciertos usos de vigilancia doméstica. En otras palabras, la empresa entendía que aceptar esa redacción equivalía a retirar precisamente las restricciones que quería conservar. En uno de los correos, el CEO de Anthropic llegó a señalar que la propuesta del Pentágono parecía “eliminar completamente nuestras líneas rojas”.
La respuesta de Michael fue que esa posición “simplemente no era viable” y que quedaba una última oportunidad para alinearse en principios básicos que permitieran cerrar el lenguaje legal. El intercambio también recoge otro punto significativo. Y es que Michael sostuvo que, dentro de la lógica del Pentágono, no existe una distinción operativa entre armas ofensivas y defensivas. Ese matiz dejaba muy poco espacio para que Anthropic intentara delimitar tipos de uso aceptables en el terreno militar.
La ruptura desembocó en la designación de Anthropic como riesgo para la cadena de suministro
El desenlace fue rápido. Al día siguiente de esos cruces, el secretario de Defensa Pete Hegseth anunció la designación de Anthropic como riesgo para la cadena de suministro, una medida que la compañía llevó después a los tribunales. Fue entonces cuando el Pentágono respondió a Anthropic. El gobierno sostiene que esas restricciones representan un riesgo inaceptable para la seguridad nacional, en parte porque teme que una empresa privada pueda intervenir sobre el comportamiento de su tecnología en operaciones militares activas.
Los correos muestran que Anthropic no estaba discutiendo un detalle contractual menor, sino intentando preservar dos límites concretos en torno a vigilancia masiva y armas autónomas letales. También dejan claro que el Pentágono no estaba dispuesto a aceptar que una compañía privada definiera hasta dónde podía llegar el uso militar de su IA. Desde entonces, las intromisiones del Gobierno de Estados Unidos en las acciones de las compañías de IA no se han detenido. Lo hemos visto tanto en el lanzamiento del modelo Fable 5 en Claude como con GPT 5.6 de OpenAI.
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